TINELLI: ENORME EXPECTATIVA POR SU
REGRESO A LA TEVÉ
Por Elsa
Bragato
¿Cómo negar la enorme expectativa que generó Marcelo Tinelli con
su regreso a canal 13? Showmatch, transformado en el reality
"Bailando por un sueño, es "lo más" de la televisión actual. Al
menos, para buena parte de la crítica. Convengamos en que mejoró
sustancialmente el "aspecto" escenográfico. El año pasado fue de
terror, desprolijo. Ahora hay una buena pista de baile y las
terminaciones laterales están bien hechas. El primer día se
sintió la presión de la expectativa, y el número inicial de más
de 200 personas bailando amontonados en la pista nos sacó de
foco durante un buen rato. Faltó brillo, sobró gente. Sí
destacamos la perfomance de Flavio Mendoza, excelente bailarín y
coreógrafo y el de las chicas de Tinelli, el grupo de bailarinas
del staff del programa, que siempre se lucen en belleza y buenas
y breves coreografías. Fueron lo mejor después del
amontonamiento de bailarines dado que las cámaras de televisión
no tuvieron la destreza de tomas zeniles ni de nada que
permitiera distinguir que no era un simple amontonamiento sino
decenas de bailarines "intentando" una coreografía.
Esperábamos el primer día a un MArcelo Tinelli con alegría, pero
apareció un Tinelli circunspecto, casi apurado, sin dejar que
las puertas centrales se abrieran completamente y aparecer,
radiante. No fue radiante, no estuvo radiante. ¿Pesará más el
empresario que el conductor? Los bailarines del primer día no
fueron buenos y, con mala cintura de la producción, se apostó a
los menos conocidos o los que menos esperábamos ver. Destacamos
la participación del bailarín ciego español. Merecerá un párrafo
al final por las consecuencias ingratas y de maleducados que
tuvo su presencia.
El segundo día Tinelli pareció tomar la rutina ya, incorporarla
y se lo vio suelto. Y aparecieron la Cicciolina, que no bailó
muy bien, y algunas figuras más. Destacamos dos momentos que son
los que siempre consagran a MArcelo Tinelli como un conductor
único en su género: el primero se dio el primer día, junto al
perro guía de Serafín, el bailarín ciego español: el perrito se
tiró al piso y Marcelo lo imitó, en un "mejilla a mejilla" pleno
de ternura. Y el segundo momento se dio en el segundo día cuando
apareció la Cicciolina y Marcelo bailó, algo que no sabe hacer,
y dejó "hacer" el show extra por el que la Ciccio ha sido
contratada.
Párrafo aparte merece, como decíamos más arriba, el caso del
bailarín ciego y las consecuencias que tuvo en CQC y
especialmente en Mario Pergolini y, en segundo término, sus dos
acompañantes. Se ve que con Tinelli no tiene onda, no la quiere
tener, por lo que le resultó más fácil reirse del bailarín ciego
y hasta llevar a una persona ciega o que "se hacía la ciega", si
bien vimos el programa no estuvimos tan atentos como para
saberlo, imitando, o burlándose más bien, de Serafín. ¨No solo
lo hizo por tevé sino que también lo dijo en la radio, seguido
siempre por sus compañeros alabadores, por no calificarlos de
otra manera. Señores empresarios, millonarios, burlándose de un
bailarín ciego. Claro, vinieron las aclaraciones. Que lo que
quise decir fue que han contratado a un bailarín ciego por
rating y para que todos nos riamos de él. Sí, nadie le pide a la
televisión que tenga corazón. Sabemos que la televisión solo
tiene BOLSILLO para UN NÚMERO REDUCIDO de EMPRESARIOS QUE SE HAN
ADUEÑADO DE LA PRODUCCIÓN ARTÍSTICA DE CANAL 13. Si no es así,
que me lo demuestran contratando al personal de lás áreas
artísticas del canal 13 a sus productoras, dado que no tienen
casi trabajo genuino sino "recortes" o "pulidos" del material
que envían Ideas del Sur, Polka y algunas otras empresas
particulares. Digamos que esto es una "extra" para demostrar que
tengo fundamentos para decir y escribir el último párrafo.
Seguimos, las producciones no tienen corazón, menos aún los
empresarios. Basta ver la realidad argentina cotidiana.
Desde nuestro lugar de críticos de televisión, decimos que la
televisión busca todo por rating. Así se "arman" los escándalos
y se "producen" nuevas estrellitas (ver nota de La Nación,
Espectáculos, del sábado 12 de abril ppdo), algo que venimos
diciendo y denunciando porque se atenta contra la información
genuina o que apunta a "un poquito más" de los espectadores. Las
producciones no tienen corazón ni alma. Cuando Tinelli empezó en
canal 13 con el cumplimiento de sueños, sabíamos quién iba a
ganar porque la persona necesitada de algún elemento o
medicación estaba en la primera fila de los "ocasionales
visitantes" al estudio, en calidad de público, en primera fila,
y la cámara no dejaba de regodearse con las lágrimas de una
discapacitada o de otra joven con problemas neurológicos. Y
justamente ése soñador era el que ganaba, y había más regodeo de
cámaras sobre el rostro de la persona beneficiada. Así que no
nos extraña que Tinelli haya apelado al golpe bajo, si bien
Serafín lo puede dar vuelta porque, aunque no baile bien, ha
llegado al país con el respaldo del público español. No baila
bien, lo sabe, y sabe hacerse chistes sobre su ceguera. Un
campeón.
Mario Pergolini habló de la "TV Cruel", y sí, tanto la suya como
la de Tinelli e incluso, hace algunos años, la de Susana Giménez,
fueron y son una televisión que apela a los "freaks" que se ven
en Las Vegas (recuerdan al hombre minúsculo, de tez negra, que
hablaba con voz finita y que ya ha fallecido?) y que se
contratan como aquí contrataríamos en un circo a la Mujer
Barbuda. Son lo mismo, freaks. Lástima que no estamos en una
televisión paga sino PÚBLICA, aunque pertenezca a algunos pocos
empresarios, y llega a todos los hogares.
Si estamos viviendo violencia en las escuelas, ¿cómo podemos
educar a los chicos y decirles, por ejemplo, que no hay que
reirse de un ciego o de un paralítico sino que hay que
preguntarles si necesitan ayuda y no pegarles un tiro? Resulta
difícil. La televisión no está para educar pero sí para informar
y divertir. Y nos "divertiría" apelando a las discapacidades. He
aquí el peligro. Y a la burla de las mismas, he aquí el segundo
peligro, porque el mensaje de Pergolini no quedó para nada
claro.