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Tocata para sexteto. La humildad del bandoneonista logra que la estrella de la noche sea la orquesta. Suena Che Buenos Aires, de Aníbal Troilo, y todos aplaudimos. El joven cantor Jesús Hidalgo ingresa a escena y parece cumplir el sueño del pibe. El violín de Fabián Bertero nos emociona y el oficio de Garello hace imperceptible un pequeño problema de sonido. El ex bandoneonista de la orquesta de Troilo hace referencia a “boliches” como Bochín, Chiquilín o Lalo. Desconozco los lugares pero los tangueros que tengo al lado no. Y los veo viajar en el tiempo. Emocionarse.
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Los Sonámbulos. Entretenida y didáctica propuesta nos presenta Cristián Palacios bajo la dirección de Paula Brusca. La obra demuestra un conocimiento del género infantil. Está claro que Palacios tiene oficio y conoce el código que los niños manejan. Es interesante, también, la poca cantidad de elementos que se utilizan para contar una historia (una silla, una banqueta y un falso micrófono). El escenario está siempre prolijo y la música y las luces acompañan muy bien.
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Solsticio. La pieza amaga a concretar y nunca lo hace. Nos ilusionamos viendo a dos pequeños que se divierten en el escenario (Martina Sassón y Leandro Bogarin). Hay buena utilización del espacio escénico y coreografías prolijas pero no alcanza. Por momentos parece un espectáculo infantil. Se destaca la voz de Amanda (Celeste Bono) que logra trasladarnos a lugares hermosos.
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Derrapados. El escenario está prolijamente desordenado. La combinación de colores es agradable: blancos, marrones (de diferentes tonos según sea un cartón o un mimbre), y telas bordó. Un cuadro que cuelga completa una linda puesta que tiene además objetos llamativos, redondos. Se nota que Gaby Marta Igarza (la protagonista) tiene con qué. Su potencial como actriz se nota. Tiene un manejo interesante del cuerpo y una gran capacidad para la comedia. Tomás Santiago Ojea (el otro protagonista) acompaña y se asienta con el correr de la obra haciéndose fuerte en la comedia y con menor suerte para el drama. ir
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Juegos a la hora de la siesta. Un grupo de niños se reúne en una plaza .
A través de sus juegos , el mundo de los adultos se refleja en fantasmales espejos.
El despotismo, la crueldad , las ansiedades , los miedos , la discriminación y la violencia aparecen como una perfecta analogía de la sociedad que nos toca vivir. Una obra para reflexionar sobre el mundo que les estamos ofreciendo a nuestros hijos y seguramente al verla nos demos cuenta que tal vez debamos cuidarlos más ...y jugar más, mucho más con ellos...
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Ilusos: La obra estuvo buena
pero hay muchas cosas que no entendí. En algunos momentos todo
el público se reía y yo no entendía de qué. Será que yo no sé de
teatro como ellos. Me parece que era teatro para la gente que le
gusta el teatro. Y a decir verdad a mí el teatro mucho no me
gusta. Bah, no lo entiendo. Y no me gusta ver gente desnuda
cuando no entiendo por qué está desnuda. Bah, en calzoncillos.
Hubo cosas que me gustaron mucho. ir
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Criminal: La obra de Javier Daulte nos invita
a divertirnos. A reflexionar. A reírnos de nosotros mismo. A
satirizarnos. Con una puesta sencilla y prolija y una acertada
utilización del espacio, estos 4 personajes recorren el
escenario para hablarnos de temas comunes (¿comunes?) en la
pareja. El maltrato, la relación de nosotros con nosotros mismos
y con el afuera, las infidelidades, el deseo de ser deseado y un
gran análisis del psicoanálisis.
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No nos alcanzó ni para:
¿Dónde estamos? ¿Hacia donde vamos? ¿Para qué? Los 3 personajes
de esta pieza de Diana Valiela nos plantean estas dudas. De
manera absurda, casi clownesca, con una poesía simple, inocente,
delirante, directa. Por esos caminos imaginarios (¿o reales?)
transitan estos tres personajes queribles. Recomiendo verla.
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